Una noche de ‘Après ski’

Todavía no sé muy bien quién es él. Pero presiento que es como la nieve que domina el fuego o el agua que calma en silencio.

Advertencia 

Lo que voy a relatar tiene subjetividad pura, y espero que de la buena. Es una dedicatoria, una puerta abierta, un escrito sin retorno ni vuelta. Pueden elegir tranquilamente si se quedan o lo leen a medias. Por mi parte diré que escribir esta historia sobre él valió la pena.

¡Qué empiece la historia!

Es imposible dejar de sonreír. Por fin, en el banquillo de un bar llamado la Huerta, se sentaba un hombre particular.

Antes de la entrevista, hice la pausa reglamentaria de la noche. Necesitaba tomar aire y saber qué quería averiguar.

No era la primera vez que lo veía, pero sí la primera oportunidad para saber qué tan acertada había sido al leerlo.

Mientras caminaba hacia la barra para buscar algo de agua, recordé que hace uno o dos meses había cruzado un par de palabras con Él. Recuerdo ese día, porque rompí mis protocolos de cordura para hablarle de algo que necesitaba sacar de mi cabeza.

Cuando el barman me dio el vaso de agua me preguntó cómo iba todo. Giré rápidamente la cabeza, vi a unas argentinas muy copadas esperándome para empezar la entrevista y a él, ahí, tranquilamente sentado. Me reí y le dije al hombre de la barra ¡Muy bien!.

De camino, pensaba si él –como los otros hombres de la mesa- estaría esperando o evadiendo su turno; repasando algunas respuestas a lo que ya había escuchado o simplemente dejando que la noche se encargara de todo.

Al sentarme, la mesa estaba lista. Las 8 mujeres que me acompañaban esperaban con actitud arrasadora y divertida la oportunidad de bombardear a nuestro invitado con sus preguntas. Yo, algo nerviosa, tomé agua y dije qué empiece la entrevista.

¿Tienes novia?¿sales con alguien?¿has sido infiel?¿tienes fetiches?

Una pregunta llevó a la otra, y para sorpresa de toda la mesa, lo que salía de su boca sonaba coherente.

Este hombre, de apariencia sencilla y tranquila, generoso por conocimiento de causa, aumentaba mi curiosidad. No sabía si sus respuestas eran producto de la honestidad y el carácter forjado por 38 años de vida o fruto de 15 años de liderazgo y astucia en los negocios. Espero que fueran una mezcla de ambas. Quizá después le pueda preguntar.

Hasta la respuesta del fetiche, a la cual por cierto contestó que no tenía ninguno, una se dejaría llevar a otros temas. Sin embargo ¿qué le preguntas a un hombre que parece disfrutar del sexo mezclado con amor del bueno?.

¿Quién es él?

Si él tuviera que elegir entre el sexo y una buena comida, preferiría a una buena pareja. Porque cree que al final, cuando estén viejos va a pesar más una buena charla y el amor, que la sola cama. Concluí que no tiene problema en casarse –sin presiones, enamorado y presiento que sintiéndose libre– seguro que una buena chimenea familiar sería el perfecto ‘après ski’.

Su nulo interés en las drogas, su amor incondicional por sus padres y la naturalidad con la que piensa abiertamente sobre los hijos, me dejan ver que tuvo que crecer en un hogar donde hay amor de pareja. Este hombre es hijo de una generación -que a mi parecer- hay que cuidar.

La noche llegaba a su fin, igual que mi cóctel, la mesa se alistaba para un próximo invitado, mientras él me preguntaba ¿Entonces aplico para tu blog?.

Además de lo que le respondí, le podría decir que aplicaría un sin fin de veces, porque disfruté de la coincidencia de la noche; de la posibilidad de escuchar sus respuestas y sobre todo de escribirlo.

Si nos volvemos a cruzar le invitaré a tomar algo, solo para confirmar si pude o no interpretarlo bien. Le haría las preguntas que no se hicieron en la mesa. Le explicaría por qué usé esta historia, que parece subjetiva y algo platónica, para comprobar que podemos dejar de mirar sospechosamente a los hombres. Liberarlos del pasado. Creo que solo cuando ves futuro en el otro, entiendes que has descubierto su valor infinito.

Espero que la vida lo premie con el amor inteligente, para que derrape en las noches; para que lo acompañe entre la nieve y le diga mil veces que aún puede lograrlo; y que aunque existan razones para renunciar, nunca lo cambien por nadie.

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