El único testigo fiel es Dios

El único testigo fiel es Dios

3 testigos falsos a los que debes estar atenta.

Me llama la atención cómo el valor de la memoria, para el sistema judicial, se basa en descubrir testigos que acusan basados en recuerdos engañosos. En grupos de 300 acusados al menos ¾ partes son inocentes y todo se debe a fallos en la memoria.

“La mayoría de la gente aprecia sus recuerdos, sabe que representan su identidad, quiénes son, de dónde vienen. Yo aprecio eso. Me identifico de esa misma manera. Pero sé por mi trabajo cuánta ficción ya hay ahí adentro” Elizabeth Loftus.

Este año encontré en mi vida tres testigos falsos que quiero compartirles, para que estén más atentas cuando se crucen en sus vidas.

1. El pasado que altera

Para empezar partiré de dos verdades, la primera “Las personas olvidarán lo que dijiste y lo que hiciste, pero nunca olvidarán cómo las hiciste sentir”  dicha por Maya Angelou y la segunda “Si he aprendido algo en mis estudios, es que por más que alguien te cuente algo con mucho detalle, seguridad y emoción no quiere decir que realmente pasara” sustentada por Elizabeth Loftus.

Durante este año aprendí que la memoria es frágil, que reconstruye recuerdos pero no es un sistema de reproducción. Creo que honestamente agradezco esto. Hace un par de meses me encontré con alguién que mi mente tergiversada para esa época, recordaba –aún no entiendo por qué- como el mejor hombre del planeta. Este personaje y yo tuvimos una conversación que en menos de tres minutos pasó de amigable y romántica a desastrosa y violenta.

En resumen, esta persona pronunció dos frases que anularon mi existencia y –como diría la psicóloga- me dejaron en un estado de shock. Entiendan este último de forma literal, con la anulación total de mi mente y las facultades básicas de movilidad. Seguramente pasaron más cosas, pero no puedo –y no quiero- recordarlas, porque en mi memoria quedaron resaltadas palabras que revivieron el más turbio pasado y todos los pecados que nunca había querido soltar o mejor perdonar.

2. El pecado que acusa

Esta situación desempolvó –aunque eso es poco- todas mis culpas, las que recordaba y la que no. Aprendí entonces que el pecado cometido, como un falso testigo toma los peores recuerdos que tenemos de nosotros y altera lo que somos en Dios. Por eso el pecado en cualquier circunstancia es nocivo para la salud mental (cuánto me hubiera gustado saberlo antes, tú podrías estar siendo advertida).

El punto es que durante casi 6 meses pasé por estados emocionales de justificación, culpa, depresión, ira, victimización y autocompasión –este último es cruel-. Todo en mi memoria me acusaba, me descalificaba, me avergonzaba. Sin embargo fue en la soledad con Dios, las charlas con mis amigas y la asesoría profesional, que comprendí que el testigo de un pasado lleno de engaños estaba jugando sucio. Sin cuestionar nunca mis recuerdos, dejé que las palabras que tanto temía fueran más poderosas que las que Dios constantemente me recordaba.

3. La mentira que quiebra

Para subir la presión, en esa época una chica empezó a regar rumores sobre mi sexualidad. Bastante tenía ya con estar atravesando la peor de las épocas al ver toda mi inteligencia emocional reducida a cero y agobiarme constantemente al pensar que todo esto alteraría un futuro estable y sano con una futura pareja.

4. El único testigo fiel

Francamente no entendía cómo debía recordar el pasado, perdonar el pecado y reemplazar la mentira por dignidad. Pero al final comprendí que debemos decidir sanar las heridas, perdonar los desgajados recuerdos, y reemplazar las palabras que nos inmovilizan por las verdades de Dios, quien es el único testigo fiel. Esto amigas mías, es un ejercicio constante y personal.

En este proceso pude ver que le temía a mi memoria, a lo que decía y a lo que recordaba. Al final dudaba de si todo lo pasado había sido tan cruel o no era más que la ficción de mis temores exagerados. Pero fuera lo que fuera, debía soltarlo. Entendí que la única forma era reemplazando todo por el amor de Dios.

Hoy creo que los hechos no cambiarán, que un abuso es un abuso, una mala palabra es una mala palabra, una herida es una herida, un pecado sexual es un pecado, pero la forma en cómo decidimos recordar hace que nuestra vida sea sana y nuestras emociones menos frágiles. Les prometo que por más que haya sido duro, nuestra memoria nunca será una grabadora. En Dios nuestra memoria será más bien una reconstructora de emociones.

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