Es tiempo de perder el miedo

Es tiempo de perder el miedo

Ante la sonrisa de una mujer y la puerta abierta para una conversación no queda otro camino que perder el miedo y avanzar.

La historia de Andrei

–¡Tengo hambre! Ahora que lo pienso no he comido.

Sí quieres parar a comer no tengo problema.

No, sí tengo la comida que me preparó mi esposa. ¿Es muy bella no?

¿Te preparó comida? ¿cómo la conociste? para que una mujer te prepare comida debe haber un amor profundo.

¿Cómo y dónde la conociste?

La vi en una parada de autobús, y sé que suena extraño o medio de película, pero así fue. Recuerdo que una moto casi se estrella por irla mirando. ¡Y qué bueno! porque fue eso lo que permitió que tuviéramos nuestra primera conversación.

Como una buena chica, puso su maleta en la silla del lado. Creo que para evitar que cualquiera se sentara cerca de ella. Yo, por el contrario, me lamentaba por el peso de mi maleta y esperaba suplicante para que me dejara sentar.

No fueron necesarias las palabras, solo un par de miradas, una sonrisa y una broma.

Si no llegamos a nuestro destino será por tu culpa– dije.

Ella con una mirada de reclamo me dice:

¿Por qué mi culpa?

La moto casi se estrella. El conductor no deja de mirarte. Y a mi no sé qué me pueda pasar si sigo todo el camino a tu lado.

Osado, pensarán ustedes. Pero ante la sonrisa de una mujer y la puerta abierta para una conversación no queda otro camino que avanzar. Nada mágico pasó, solo una buena conversación y un intercambio de números. Bueno, en realidad tomé su celular, le dejé mi número y la frase de puedes escribirme.

¿Cómo hiciste para perder el miedo y hablarle?

Ese es el secreto, aunque le hablé primero dejé que fuera ella la que eligiera si quería que habláramos o no.

Creído, tal vez, pero solo tenía dos opciones: alimentar su curiosidad dejandole mi número o guardar el suyo para ver quién escribía primero. Lo que hice fue para cerrar las opciones, no había otro camino, que tuviera menos culpa, que dejarle la puerta abierta para que ella escribiera cuando quisiera.

¿Qué es lo que más valoras?

Nunca fui un tipo serio con las mujeres, no porque jugara con ellas, sino porque nunca pensaba en nada formal. En el fondo sabía que todo siempre tendría un final. Ahora, soy de los que pienso que no necesito a una mujer fuera de la que ya tengo.

Hoy después de un par de citas, la vida nos puso en la misma casa, y ahora que lo pienso no necesito a otra mujer en mi vida. Amo todo de ella, sus maravillosas piernas, sus ojos, su cuerpo, sus senos, pero sobre todo el hecho de que junta ella soy otro, un tipo mejor, uno que logra cosas y con la mejor compañía.

Ella, con sus detalles hace cosas como enviarme una comida caliente para que me acompañe en mis largas jornadas. Y no, no es mi cocinera, es la mujer de la cual me gusta presumir, que sabe cómo cuidarme porque cuido de ella. La que ha pasado por cosas difíciles a mi lado, la que es una buena hija y ama a su padre. Una mujer que me ayudó entender que el verdadero amor se construye desde lo profundo, sin eliminar lo precioso de lo superficial.

Claro, como todas las parejas tenemos conflictos, pero inventamos algo mejor que palabras para decirnos lo que sentimos. Solemos escribirnos, o buscar nuevas maneras de expresarnos. Y entonces cuando la leo entiendo lo que siente, cuando ella me lee puede ver mis intenciones. Al final no me arrepiento porque como les decía soy otro, un hombre enamorado, que empezó a contar esta historia porque sintió hambre y sacó su plato de comida.

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