Lo que omitimos sobre Dios y Eva

Una mirada del Edén después del pecado y desde la perspectiva correcta.

Después de leer el capítulo 3 del Génesis, me quedaba siempre con dos conclusiones sobre lo que pasó en el Edén entre Dios y Eva. La primera, que la mujer por naturaleza era una exagerada. Desde su conversación con satanás, había dicho cosas que Dios jamás le dijo, como “no tocar el árbol”. Pensar que esta era la evidencia de una naturaleza generalizada era algo que me molestaba.

La segunda conclusión, que no podía sacar de mi mente, era que el hombre por naturaleza era un cobarde. Desde que Dios pregunta y este personaje contesta “La mujer que me diste por compañera me dio de ese fruto, y yo lo comí”.  Ahora entiendo que cuando hay pecado siempre se dirá “la que me diste” y no “mi mujer” o “yo elegí comer”.

Lo que omitimos del génesis sobre Dios y las mujeres

Génesis, se volvió un libro que no me llamaba la atención. Un recordatorio constante de dos conclusiones sobre nuestra naturaleza humana. Sin embargo, Él me cambió la perspectiva y me mostró dos cosas que omitimos sobre Dios y Eva en el Edén.

13 Entonces Dios el Señor le preguntó a la mujer:
―¿Qué es lo que has hecho?
―La serpiente me engañó, y comí —contestó ella.

a. La actitud del padre que se acerca.

En el versículo 13 Dios se acerca a la mujer. Aún después de que sabe que ella ha pecado. Dios no la grita, no la condena, no la acusa. Solamente como un padre amoroso o un testigo fiel, se acerca y le pregunta―¿Qué es lo que has hecho?. Le pregunta por su pecado, le pide que asuma su responsabilidad.

b. El desengaño.  

La mujer  fue engañada por la serpiente. Y ante la pregunta de Dios, ella pudo mentir, pudo evadir, pudo autoculparse diciendo “Fui engañada”, “engañé a mi hombre” o “fue mi culpa”. Pero lo primero que hay en su respuesta es un reconocimiento de engaño. Una evidencia de que cuando somos cercanas a Dios, siempre veremos el pecado desde la perspectiva correcta. No sé ustedes, pero que poderoso resulta cuando vemos que nosotras no somos el pecado (como dice Romanos) sino en Dios podemos ser libres del pecado que habita en nosotras. 

Solo en Dios vemos con claridad y podemos romper los engaños y acusaciones del pecado.

c. La confesión certera.

Una Eva responsable y no exagerada es la que veo, cuando,  ante la pregunta de Dios responde ―comí―. Se necesita valor y humildad para confesarse ante Dios.  Para no acusar a otros (ni siquiera a su propio hombre, Adán). La Eva que escucha a la serpiente, miente y exagera. La Eva que está cerca a Dios habla con verdad y valentía.

Cuando conversas con el pecado hay excusa, exageración, mentira. Cuando Dios está cerca hay verdad, valor y certeza. La confesión es una evidencia del fruto de Dios y su compañía.

d. El respaldo divino.

Finalmente Génesis 3 cierra con un Dios que no solo respalda a Eva y sino a todas nosotras. Génesis entoces, reafirma una relación neuv ay genuina entre Dios y Eva. Entre Dios y nosotras. Entre Dios y la mujer.

14 Dios el Señor dijo entonces a la serpiente:
15 Pondré enemistad entre tú y la mujer,
    y entre tu simiente y la de ella;
su simiente te aplastará la cabeza,
    pero tú le morderás el talón».

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