El verdadero amor

El verdadero amor

Mucho de lo que que llamamos verdadero amor, se confunde con autosatisfacción. Cuando en realidad debería tratarse de dar más que de recibir.

Confundiendo el amor con la satisfacción temporal

Todo el tiempo creemos que por ser humanos sabemos amar. Ignoramos la autoevaluación porque hacemos cosas, invertimos tiempo o cedemos en lo que nos gusta. Y olvidamos que nuestro sistema de gratificación está siendo estimulado.

Confundimos el amor inteligente y verdadero, con las pequeñas satisfacciones temporales. Aceptamos el amor por las razones equivocadas. Usamos al otro como vehículo de satisfacción. No me refiero solo al sexo, cosa vital. Me refiero a cuando decimos que amamos a los peces.

Esperamos que el otro sea el reflejo de una perfecta lista de deseos o ruegos a Dios. Listado que al final está más lleno de necesidades personales que de amor real.

Formamos a nuestras mujeres lejos del concepto genuino del verdadero amor. Las educamos para sentir amor temporal. Dependiente de pequeñas dosis de dopamina. Si el amor depende del cómo se viste, del tiempo tan divertido que pasan, del cómo hablan, del parecido con un imaginario o de lo frustrante que es porque no se ajusta a nuestra lista del hombre perfecto. Estamos francamente frita.

No se trata de aceptar amar a cualquiera. Se trata de saber escoger a quien amar inteligentemente. Si el enfoque de tu amor se basa en lo que te sabe bien a ti, más que al otro. Reflexiona. Recuerda a jesús y a Óseas. Ten presente a las mujeres de la Biblia.  A las que no manipulan para obtener gratificación. A las que no mataban emocionalmente a cualquiera. Sino que escojían sabiamente para amar eternamente.

El verdadero amor es calidad mental

El amor eterno, es una calidad de estado mental. Si se entiende, no hay otra posibilidad que amar al otro; en cambio, querer acostarse con otro o pasarla rico no es amor. Amor es compromiso y cerebralmente está en el cerebro truhán.” Rodolfo Llinás.

Uno no se enamora de un hombre porque tiene perfil buenísimo. Un se enamora de su cerebro, porque con él se interactúa y se avanza. Amar es cerebralmente un baile y hay que bailar con el que pueda danzar con el cerebro de uno. Encontrar eso es muy difícil; hallarlo es un tesoro.

El buen amor necesita educación, preparación, porque la pereza puede matarte cuando tengas que elegir. O convertirte en una potencial asesina del amor, al menos a largo plazo, solo porque el otro no parece encajar con tus deseos.

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